A Jacqu'lynn, firmamento.

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lunes, diciembre 29, 2008

La cuarta cuerda

Correspondiente al miércoles, 17 de diciembre, 2008

La iglesia desplegada


Detalles arquitectónicos

Ya los curiosos nos dirán, en autóctono legado, el significado de la placa

¿Hay algo que añadir?

Otra vista

En el interior

El saludo de la gárgola

En una mañana nublada la terraza desde la que se ve Neuschwanstein no cumple su cometido justo por el impulso de calígine (la neblina llamada a la usanza de antaño o para su poetización). Con ello en mente nos disponemos probar los bocados matutinos, sirviéndonos suntuosamente para no pasar hambre después. Uno de los protagonistas de The 38 Strings mira un par de quesos diminutos, envueltos de manera apropiada, cada uno de diferente sabor. Ignora los nombres de los sabores pero infiere una degustación por las imágenes que recubren la envoltura. Guarda el par de lácteos y se levanta. Luis lo acompaña. Pagan la suma requerida al hostalero, que sabe saludar y despedirse en lenguas distintas y que no varía su veste por tres días; entregan una llave colorida, inspirada quizá en las gestas de David Lynch y se despiden. Parten a la estación de trenes de Füssen, de tamaño apto para el (Nota del editor que escribe con una mano este añadido días después porque con la otra detiene una cámara que transmite imágenes y que de no sostenerla el traslado sería imposible: el relato de esta cuerda, la cuarta, es abruptamente interrumpido por un alemán que clama su asiento en el tren; perdemos la inspiración del momento para la continuidad; retomamos la escritura muchos días más tarde) pequeño poblado. Abordan. Se declinan y no se reclinan en sus asientos. Al poco tiempo un hombre al que habita un bigote acude a nuestros lugares y sin contratiempos le entregamos el justo pase del día. El trayecto a München ocurre sin complicaciones, entre planicies plenas en blanco, ya salpicadas por pastos, ya numeradas por casas (Nota del editor anterior a esta nota: se retoma la escritura el día siguiente). Arribamos temprano a la ciudad mencionada y en cuanto llegamos nos proponemos encontrar el hostal que nos alojará por dos noches; además dada la aventura en Füssen preferimos preguntar cómo llegar al hostal en vez de hallarlo por cuenta propia. Nos comentan que la ruta de llegada es muy sencilla, seguimos las instrucciones con precisión y encontramos el hostal en algunos minutos: su ubicación es óptima, se encuentra a unos cuantos pasos de la Estación Central de München. Entramos, nos piden que paguemos la suma requerida pero nos informan que sólo nos darán el cuarto hasta las dos de la tarde (para ese entonces eran las 11 de la mañana). Agregamos que no hay problema aunque nos preguntamos dónde dejaremos el equipaje si es que queremos salir. Nos informan que hay un cuarto cuyo propósito (nota innecesaria pero soportable: Morcilla, can, quiere subir a nuestro habitáculo en este momento) consiste en resguardar las valijas aleatorias de viajeros varios pero que, sin embargo, no debe dejarse ninguna pertenencia valiosa. Así obramos y partimos, en busca de minucias. Nos obsequian un mapa, unas tarjetas de identificación y unos billetes modificados que valen por ciertas bebidas (que disfrutaremos horas más tarde).
Partimos, pues, con la intención de la búsqueda; decidimos recorrer un poco de la ciudad mientras nos entregan el cuarto. El mapa nos comunica un lugar de interés pero variamos levemente la intención de la visita más inmediata y variamos la ruta. Cruzamos la avenida Bayer (llamada Calle Bayer, en germanio) y la caminata nos entrega una iglesia de gran belleza. Emite a los viajeros, al menos a uno de ellos, un resplandor tenue. La toma de fotografía nos posesiona momentáneamente. Desde varios ángulos obtenemos las imágenes. Estamos en la Iglesia de San Pablo, aquel prodigioso, Segundo en un catálago, que predicó lo que su Maestro le heredaba con el paso de los días. Entramos en la iglesia. Uno de los protagonistas de
The 38 Strings (Nota del editor, ahora, sin adjetivos: una de las tías lectoras le dirá, días después, a tal protagonista: “uno de lo stringers”) advierte la repartición de los ornamentos. Como costumbre de los luteranos y su estirpe la iconografía de sus templos es austera, simple pero efectiva; pretende mostrar el Mensaje de un modo carente de inutilidades. Porque en los católicos territorios el Mensaje se diversifica en muchos estilos, que contienen una característica en común: el barroco. Uno de los Oros y de las Excrecencias. Recorre los dos extremos. Ya que el barroco, en esencia, pretende desfasarse del vacío para llenarlo todo. Mientras que otras corrientes, en las que el clasicismo dirige la orquesta, se proponen lo contrario: la llaneza cubre la vastedad divina. Sea como fuere, Luis, otro de los protagonistas de The 38 Strings, toma cuidado en sus fotografías, por si acaso fieles ofendidos respondieran a la afrenta de capturar las imágenes de los atributos de Dios. Miramos un órgano, dos confesionarios, un retablo, un púlpito, las bancas para oración, dos vitrales principales y otros objetos que evitamos mencionar para abrumar la lectura. Salimos entusiasmados de la Iglesia de San Pablo. Vemos una casa que acoge nuestra curiosidad.

Tal casa es esta

Las dos y media de la tarde se acomodan y decidimos retornar al hostal. Allá nos entregan la llave del cuarto, dejamos las pertenencias, notamos que el robo no las ha tocado y, deseosos de continuidad, retomamos la visita al sigilo de la aventura. Prestamos obediencia al mapa y dado que el lugar que más reluce en la guía turística de München es la Marienplatz (La Plaza de Mariana ¿acaso?) nos encaminamos a tal sitio.

La Rathaus de München (que nos perdone quien corriga, ignoramos el género de "casa" en germanio)

Luitpold desde su galope alcanza las luces navideñas



Nos toma un gramo de dificultad hallar la plaza aunque la concurrencia nos indica el sendero correcto. Además en el trayecto una chica, que hablaba el inglesio, nos obsequia dos muestras de un café adosado tiernamente con la fragancia de la manzana. Preguntamos el porqué de la simpatía; agrega que trabaja en una cafetería humilde con las tres
b’s del dicho popular (bueno, bonito y barato). Acudiremos mañana. Los ríos humanos, afanosos en víveres y compras, más inclinados por el consumo que por el disfrute de su capital, prosiguen en sus caudales y dos bienvenidos encaran la maravilla: la Rathaus. Ignoramos el misterio de la etimología, es decir, el significado del nombre para el edificio. Después sabremos que significa “la casa de gobierno” pero, localmente, la conoceremos como “la casa de las ratas”, quizá en prestación de ese famoso adagio: un político pobre es un pobre político. La Rathaus de München está rodeada por un mercado navideño, rebosante y ruidoso. Esta misma casa de gobierno luce espléndidamente decorada. Gárgolas que se pasean por las paredes de la morada, un Luitpold a caballo que observa a los visitantes ufanamente, los nombres de personajes de alcurnia grabados sobre los muros, una torre magnífica que se yergue como si la gloria le dijera: levántate y tolera la otrora admiración, son algunos de sus portentos. En dicha torre unos personajillos metálicos permanecen en la serenidad de la estatua. Luis, protagonista de The 38 Strings, comenta que de vez en vez los artefactos antropoides bailan al ritmo de una tonada específica. Nos enteraríamos que sólo el verano propicia la ceremonia. Evitaremos ver el espectáculo. Entramos en la Rathaus, su interior no es menos impresionante. Un lujoso nacimiento se exhibe al fondo, el negocio que reparte Glühweins atiende al empleado que reparte las libaciones típicas, gusto de clientes en demasía, una serie de casitas que prestan continuación al mercado navideño vende sus productos, una torre de menor tamaño se alza, menos presuntuosa que su hermana mayor, pero segura, también, de su porte. En el interior de la Rathaus una galería de arte está en disposición de los paseantes. La gentil dama que nos recibe nos invita a pasar y aceptamos.

Velas para la madre. Porque madre, sólo hay una.

Un collage llamativo

Ignoramos el significado del hanzì (chino) o kanji (japonés). Este tipo de curiosidades están en la galería de Rathaus de München

La galería es mínima mas eso no impide disfrutar de lo que se exhibe allí. Muestras de pintura y estilos cuelgan de las paredes, así como collages, composiciones, construcciones, nacimientos, excentricidades y demás caras del arte. Recorremos el espacio en poco tiempo. El confort que nos brindó el aire climatizado de la galería se esfumó en cuanto salimos a la Rathaus y la intemperie. Hambrientos, miramos con desilusión los precios de los productos comestibles y adquirimos la noción de su elevado precio. Un gentilhombre, porque no podría llamársele de otro modo, observa nuestra decaída y pregunta a dónde nos dirigimos. Le decimos que nos dirigimos a la calle Kaufinger, nos indica cómo desplazarnos y seguimos sus instrucciones. No encontramos en el camino algo digno de engullir que no sobrepase los tres o cuatro euros. ¡Vaya desesperación! ¡En medio de una queja del estómago! Pero una pista de hielo toma la atención por un instante.

También hay una pista de hielo en México, recordamos. Lo kitsch está en ambas. Una es gratis y otra no. El haiku improvisado y por demás pésimo.

Retornamos al hostal y la larga caminata de vuelta bien valió los sándwiches que preparamos en el cuarto (el día anterior, en Füssen, aprovechamos entrar a un mercado local para almacenar unas vituallas y con ella prepararnos los alimentos del día porque los precios orbitaban en una valencia monetaria fuera de nuestras posibilidades, o eso creíamos entonces). Uno de los protagonistas de The 38 Strings consume tres sándwiches, fríos y duros (pero, ¿para qué pedir lujos?) de pepinillo, combinados con papas y los lácteos que el desayuno del ayer les obsequió. Se añade una bebida de naranja con gas y helo ahí, con el hambre saciada. Luis, protagonista de
The 38 Strings, consume dos sándwiches preparados con un salami germanio, a lo que acompaña también con papas y una bebida de naranja con gas. Hace unas horas preguntaron si la red inalámbrica estaba disponible en el hostal. Afirmaron. Bajaron su equipo a una especie de jardín. Notaron que varios huéspedes reposaban ya en sillones, ya en hamacas. Éste y mañana serían días agradables para la bitácora, quien también es una viajera en esta aventura. En la Europa la conexión a ese otro mundo, la red mundial o world wide web, conlleva un precio elevado. Encontrarlo gratis simboliza una oportunidad dorada.

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